La mayor prueba simultánea de gobierno democrático jamás realizada arrojó un solo resultado. A lo largo de 2024, elecciones nacionales en más de 70 países, que junto con la UE suman aproximadamente la mitad de la humanidad, pusieron a los partidos gobernantes ante unos dos mil millones de votantes habilitados1. Todos los partidos en el gobierno que enfrentaron elecciones nacionales en países desarrollados perdieron cuota de voto, la primera vez que ocurre en casi 120 años de registros de ParlGov2. En democracias de todos los niveles de ingreso, más del 80% de los partidos gobernantes perdieron apoyo3. El Financial Times calificó el año como un cementerio para los oficialismos2, y los epitafios cruzaron todas las líneas ideológicas.

Esa universalidad es el hallazgo. Gobiernos de izquierda cayeron en Washington y resistieron debilitados en la aritmética de coaliciones de Delhi; gobiernos de derecha fueron derrotados en Londres tras catorce años y humillados en Tokio, donde el partido que gobernaba casi sin interrupción desde la posguerra perdió la mayoría; los centristas fueron desmembrados en París; la hegemonía del movimiento de liberación terminó en Pretoria, donde el ANC perdió la mayoría por primera vez desde 19943. Cuando todo tipo de gobierno pierde frente a todo tipo de oposición en los mismos doce meses, las explicaciones basadas en la ideología dejan de funcionar y la búsqueda se traslada a lo que todos los gobiernos compartieron.

Primera vez en ~120 años

2024 fue el primer año del que se tiene registro en el que todos los partidos gobernantes que enfrentaron elecciones en países desarrollados perdieron cuota de voto.

Financial Times, análisis de datos de ParlGov, noviembre de 2024

Lo que todos los gobiernos compartieron

Todos gobernaron bajo el mismo nivel de precios. La pandemia y el shock energético de 2022 llevaron la inflación a máximos de cuarenta años en el mundo rico y a niveles peores fuera de él, y aunque las tasas habían caído para el día de las elecciones en casi todos lados, los niveles no: los precios de la comida, los alquileres y las facturas de energía estaban entre un 20% y un 30% por encima de lo que los votantes recordaban haber pagado, y ningún discurso sobre desinflación cambia el ticket del supermercado3. Los votantes hicieron lo que dicen los manuales de economía política, pero a una escala nunca antes observada: pasaron la factura a la gestión. La evidencia comparada es contundente frente a cualquier relato más estrecho, porque los oficialismos derrotados siguieron caminos fiscales distintos, políticas migratorias distintas y estrategias culturales distintas, y solo compartieron el índice de precios.

El mecanismo conviene enunciarlo con precisión, porque 'la inflación cuesta elecciones' es una simplificación de lo ocurrido. La inflación acelera el referéndum: convierte cualquier malestar en un malestar económico y priva a los gobiernos del beneficio de la duda en todo lo demás. Los años en torno a 2024 también trajeron movimientos seculares genuinos, desconfianza en las instituciones, reacción contra la migración, el entorno de plataformas mediáticas, y los partidos retadores de la derecha populista fueron los mayores beneficiarios en Europa. La ola inflacionaria no creó esas corrientes. Bajó el muro de contención de todos los oficialismos al mismo tiempo.

Los resultados del Sur Global añadieron un registro que la mirada centrada en el mundo desarrollado no capta. En Senegal un candidato opositor pasó de la cárcel a la presidencia en un mes; Botsuana terminó con seis décadas de gobierno de un solo partido; Sri Lanka, dos años después de la bancarrota, eligió una coalición de izquierda outsider; el movimiento gobernante de México, la excepción más visible del año, ganó por amplio margen gracias a un crecimiento salarial que superó a los precios3. La excepción confirma el mecanismo mejor que la regla: donde los ingresos reales subieron durante el shock, la gestión mantuvo la cuenta. Donde cayeron, ningún nivel de ventaja institucional, medios estatales o desorden opositor salvó al oficialismo de forma consistente.

La participación dejó un hallazgo más discreto en el mismo registro. La asistencia a las urnas se mantuvo o subió en la mayoría de los grandes comicios, a contramano de una década de comentarios sobre la desafección democrática; la emoción dominante del año no fue la apatía sino una atención punitiva. Los votantes no estaban saliendo del sistema. Lo estaban usando, con precisión y con enojo, lo que es un diagnóstico distinto con un pronóstico distinto, y posiblemente uno más saludable.

La contraprueba de 2025

La prueba más clara de la lectura económica llegó en cuestión de meses, y apunta en la misma dirección. A medida que la inflación titular se normalizó en 2025, la ola anti-oficialista se atenuó visiblemente: el gobierno laborista de Australia, enfrentando la misma política de costo de vida un año después en el ciclo, fue reelecto por amplio margen4, y los liberales de Canadá, descartados en el pico de la ola, retuvieron el gobierno bajo un nuevo liderazgo4. La condición de oficialismo no volvió a ser un activo; dejó de ser una sentencia de muerte. Si las teorías estructurales fueran correctas, el cementerio habría seguido llenándose. Se vació cuando lo hicieron los tickets.

La naturaleza parcial de la reversión es en sí misma un dato. Donde el nivel de precios sigue pesando, o donde el shock de 2024 instaló gobiernos que ahora enfrentan su primer mandato, la volatilidad persiste; los partidos retadores que cosecharon la ola mantienen sus avances en las encuestas incluso donde perdieron las elecciones. Un shock de precios pasa; las realineaciones de coalición que acelera no se revierten del todo. Los sistemas de partidos europeos en particular sufrieron en 2024 daños que preceden a la inflación y la sobrevivirán.

La ola de 2024, en resultados

País

Resultado para el partido gobernante

Reino Unido

Conservadores fuera tras 14 años, derrota histórica

Estados Unidos

El partido en el gobierno perdió la presidencia, tercera derrota consecutiva de este tipo

Japón

El PLD perdió la mayoría, casi inédito desde la posguerra

Francia

La alianza gobernante perdió terreno ante la izquierda y la derecha a la vez

India

El BJP volvió, pero obligado a formar coalición

Sudáfrica

ANC por debajo del 50% por primera vez desde 1994

Botsuana, Senegal, otros

Partidos gobernantes de larga data derrotados de forma contundente

Pew Research Center; recuentos de prensa del ciclo 2024

La ola también atravesó la política económica, y sus consecuencias se pueden rastrear línea por línea. El resultado estadounidense reconfiguró la política comercial hacia el nuevo régimen arancelario, transformó los subsidios a los chips en participaciones accionarias y cambió la aritmética de defensa de todos los aliados. Los centristas debilitados de Europa ahora negocian los costos de la transición verde con electorados que acaban de castigar los precios de la energía. La lección escrita en esos expedientes: la estabilización macroeconómica no es un asunto tecnocrático ajeno a la política democrática; es el muro de carga. Los bancos centrales que dejaron deslizar el nivel de precios perdieron credibilidad; los políticos más cercanos pagaron la cuenta; y los gobiernos que surgieron deben su mandato a la promesa de que los tickets se comportarán.

La ciencia política pasará una década con el problema de identificación que el año dejó servido: un shock global sincronizado golpeando a decenas de democracias con instituciones distintas al mismo tiempo es lo más parecido a un experimento controlado que la disciplina puede obtener. Los primeros resultados ya justifican una advertencia metodológica: los comentarios nacionales explicaron cada derrota con relatos locales, escándalos, candidatos, campañas, mientras la comparación transversal muestra que una sola variable global explica la mayor parte. Cuando la historia idiosincrática de cada país termina igual, las idiosincrasias eran comentario y la causa común era la noticia. Esa corrección vale tanto para el oficio de esta publicación como para el de cualquier otro, y es razón para mantener la comparación transversal junto a cada historia nacional.

Qué cambia en la lectura de las democracias

El año corrigió dos supuestos cómodos. Primero, que la ventaja del oficialismo es estructural: la maquinaria estatal, el reconocimiento de nombre y las geografías manipuladas se suponía que hacían difícil desplazar a los partidos gobernantes, y un solo shock sincronizado de precios disolvió todo eso en un año. Segundo, que el retroceso democrático significa que las elecciones dejan de importar: las urnas de 2024 removieron gobiernos en cinco continentes, incluidos varios que llevaban años inclinando el campo a su favor. El cementerio fue, entre otras cosas, una prueba de vida: electorados enojados usaron la salida, y la salida funcionó.

Para la audiencia autoritaria el año se leyó distinto, y los comentaristas de Pekín y Moscú lo dijeron sin rodeos: según su relato, las democracias castigan a los gobiernos por shocks globales que ningún gobierno causó, generando bandazos de política cada pocos años mientras los sistemas pacientes acumulan. La respuesta está a la vista: los errores de los sistemas pacientes, un colapso inmobiliario absorbido en silencio, una salida de cero COVID tomada de la noche a la mañana, también se acumulan, pero sin ningún mecanismo para pasar la factura a la gestión. En 2024 los costos de la rendición de cuentas democrática se fijaron en público. Los del modelo alternativo se fijan en privado, y al final de golpe.

Una advertencia se impone. Un hallazgo tan nítido invita a un determinismo que los datos no autorizan: las campañas siguieron moviendo márgenes, los márgenes decidieron resultados en los sistemas mayoritarios, y unos pocos puntos de cuota de voto separaron los triunfos aplastantes de los casi. El nivel de precios cargó los dados; no los tiró. Los gobiernos que enfrenten el próximo shock conservan la agencia que la cohorte de 2024 desperdició en su primer año, cuando la mayoría de los oficialismos del mundo rico trató la inflación como si fuera el clima y no la pregunta del referéndum, y respondió con gráficos cuando los votantes pedían disculpas. La contrición, resultó ser, fue la mercancía escasa del ciclo.

Variables a seguir

Tres indicadores para el próximo ciclo. La brecha de nivel de precios, la distancia entre lo que cuestan los productos básicos y lo que la memoria de referencia de los votantes dice que deberían costar, porque se reduce lentamente y su curva de reducción es la curva de recuperación del oficialismo3. La pregunta de la consolidación en Europa: si los avances de los partidos retadores en 2024 se traducen en coaliciones de gobierno o quedan como oposiciones permanentes, lo que determina si el año fue un shock o un realineamiento. Y la cohorte del desquite en 2028: los gobiernos elegidos sobre el terreno del cementerio ahora son responsables del próximo shock, sea cual sea, y la lección de 2024, que los votantes responsabilizan a quien gobierna, no tiene lealtad ideológica alguna. Los partidos que ganaron por los tickets serán juzgados por ellos, en la próxima ronda sincronizada, ante electorados que ya han demostrado, en todos los continentes y en un solo año calendario, exactamente cómo saldan cuentas.

  1. Time, The results of the biggest-ever election year, e International IDEA, The 2024 global elections super-cycle: elecciones nacionales en más de 60 países, más de 70 según recuentos más amplios, con unos dos mil millones de votantes habilitados.

  2. Financial Times, análisis de datos de ParlGov (John Burn-Murdoch, noviembre de 2024), según reportó VOA y otros: todos los partidos gobernantes de países desarrollados que enfrentaron elecciones en 2024 perdieron cuota de voto, algo inédito en casi 120 años de registros; 'un cementerio para los oficialismos.'

  3. Pew Research Center, Global elections in 2024: what we learned, y Vision of Humanity, 2024: the year incumbent governments lost power: más del 80% de las democracias vieron perder apoyo a los partidos gobernantes; la presión del costo de vida como factor constante; resultados por país según tabulación.

  4. Open Canada, Re-election landslide: the 2025 Australian federal election, y registro de las elecciones federales canadienses de 2025: reelección arrolladora de Labor en Australia; los liberales de Canadá retuvieron el gobierno en 2025.